Hoy es Martes 17 de Octubre de 2017 Agregar a favoritos   |   Quienes somos   |   Contacto
RADIO MOTUL EN VIVO CLICK AQUÍ
Foto



Leyendas de la virgen de Izamal
» Promoción turistica   Viernes, 21·Marzo·2014

Las Dos Hermanas

Entre las leyendas y milagros que por algún hecho portentoso se le atribuyen a la Virgen Itzalana, Reina de Yucatán, uno de los más conocidos y antiguos es el que según se cuenta se efectúa cada ocho de diciembre de todos los años. Consiste en que en esa fecha, durante la madrugada, se cambian de lugar las dos vírgenes, es decir, la que pasa el año en el Camarín se traslada a un aposento debajo de la pirámide maya Kinich-Kakmó, y la que ahí se encuentra, pasa a ocupar por un año el camarín. Según la leyenda al suceder esto, las calles por donde pasan las vírgenes al cambiarse de lugar, quedan con un agradable olor a flores lo que se percibe hasta las primeras horas del día siguiente. ¿A qué suceso se refiere esta leyenda que da motivo a la creencia anterior?


Primero veamos que dice la historia...Como es sabido, al trasladarse Fray Diego de Landa a Guatemala con el encargo de los Izamaleños de traer una imagen de la Santísima Virgen para el Convento, recibió de sus superior de Mérida la orden otra para el Convento de ahí, lo que así se hizo.


Estas dos imágenes eran iguales en todo, en tamaño, belleza y todos sus detalles, y desde luego el pueblo las bautizó como "Las dos hermanas". Una se quedó en el Superior Convento de Mérida y la otra fue traída a Izamal.


El 16 de abril de 1829 en un intempestivo incendio en el Convento de esta ciudad de Izamal, se destruyó el altar y la imagen que se encontraba en él. A petición del pueblo y autoridades civiles y eclesiásticas, fue traída la imagen actual que obraba en poder de doña Narcisa de la Cámara que es la que existe.


Ahora la leyenda ¿qué dice?...Veamos: cuéntase que unos años antes del fatídico incendio en el convento, al ser retirada la orden franciscana del país por mandato real, todos los conventos a su cargo pasaron a poder del clero secular. Fue entonces cuando entró al servicio de la iglesia de este lugar como sacristán, un indígena al que llamaremos José Chuc. Este tenía a su cargo la limpieza de la iglesia y el camarín, en el que pasaba largas horas, lo que llamó la atención del sacerdote a cargo del templo. Este, dominado por la curiosidad, empezó a vigilar la conducta de José, pues siendo el camarín más pequeño que la iglesia, no se explicaba porque tardaba tanto en él. Así vino a descubrir que el tal José se pasaba largas horas postrado ante la virgen platicando con ella aun cuando nunca se oía que le contestaran.


Corrió entre el pueblo la voz de lo que sucedía y éste siempre irónico ante esas opiniones le puso a José en forma burlesca el mote de "místico". A él pareció no importarle la forma en que era llamado y siguió su vida de siempre. Pasó el tiempo y llegó el fatídico 16 de abril de 1829...
Cuéntase que ese día al ser llamada la población al son de las alarmantes campanadas de la iglesia que anunciaban incendio, al llegar a ella los habitantes de Izamal, ya no había que hacer pues el altar y el camarín estaban totalmente cubiertos por llamas. Desde ese día desapareció José.
La gente pensó que se había muerto entre las llamas tal vez para defender a la Virgen que tanto había demostrado querer; aun cuando mucho buscaron entre los escombros, no se encontró nada que indicara que José y la Virgen se hubieran quemado. Como antes se dijo, fue posteriormente traída a Izamal la Virgen existente en Mérida. Ya estando aquí llegó el mes de diciembre de ese año en el que se celebra la fiesta en su honor, del primero al ocho.


Desde el primer día de ese mes, corrió por la población una sorpresiva noticia: "José está otra vez en Izamal", era la exclamación de toda la gente. ¿A qué vino y dónde estaba antes? Era la pregunta general. José "El místico" se hizo presente en el templo y entrevistándose con el sacerdote explicó: "Que solo pasaría aquí los ocho días de la fiesta y que se ponía a disposición del padre como sacristán y guardián del camarín". Fue aceptado desde luego, pues todos sabían de su capacidad para ese menester. Terminada la fiesta, José desapareció de Izamal prometiendo volver al año próximo para trabajar en la iglesia los mismos días y en la misma forma.


Esta costumbre siguió por varios años, pero comenzaron a correr por la población extraños rumores. Se decía que en las horas de la madrugada de cada ocho de diciembre, se veía salir a José de la Iglesia de Izamal y dirigiéndose al cerro Kinich-Kakmó, llegaba a la parte oriente de la base del mismo y en una oquedad que ahí existe, desaparecía. Al poco tiempo se le veía salir y volver al Convento por las mismas calles. Momentos después salía nuevamente de la iglesia y repetía el viaje exactamente igual que el anterior. Que luego del segundo viaje, las calles por donde pasaba quedaban olorosas a flores.


Pasaron los años, José estaba anciano ya, pero persistía en cumplir su servicio anual a la iglesia, con su extraña costumbre, hasta que un año determinado, cuéntase que después de cumplir con sus viajes del cerro al convento, a las pocas personas que encontró ahí y que eran conocidas les dijo: "Es el último año que vengo a Izamal, pero que aún en mi ausencia, observarán que en las calles por donde pasaba en mis viajes cada ocho de diciembre en la madrugada, seguirían como antes oliendo a flores". Además dijo que al fin había sido autorizado a revelar un secreto celosamente guardado hasta entonces y era éste: "Aquel fatídico 16 de abril cuando se quemó la iglesia, me encontraba trabajando en la parte posterior del edificio; y antes que nadie se diera cuenta de las llamas, oí una voz que me decía: sálvame José, soy la Virgen. Me di cuenta de una tenue luz que me seguía y no sabiendo a donde ir dirigí mis pasos hacia el cerro Kinich-Kakmó y en la oquedad que éste tiene en el lado oriente ahí entré acompañado de la Virgen. Y por temor a lo que pasó en esa ocasión, me ausenté de Izamal pensando no volver nunca más.

 Pero un día, en el lugar donde fui a refugiarme, escuché nuevamente aquella voz, vi la tenue luz y recibí la orden de venir a Izamal cada año para los días de fiesta y no irme de aquí hasta no acompañar a las dos hermanas en el cambio anual de lugar, en el cual yo las acompañaba". Que nadie osara entrar a la oquedad del cerro donde se refugiaba una de las vírgenes, pues debajo del mismo había un cenote, en el centro de éste una pequeña isla y en el agua a su alrededor habitaba como guardián una enorme serpiente que se comería al que se acercara.


Es lo que dice la tradición que contó José Chuc el último año que se le vio en Izamal, pues nunca volvió...Dicen que hasta ahora cada ocho de diciembre en horas de la madrugada y en determinado momento, en las calles que comunican al Convento con el Cerro Kinich-Kakmó, se siente un penetrante olor a flores, aun cuando no se ve pasar a nadie.


El primer milagro de Mamá Linda.

Corría el decenio comprendido de 1550 a 1560, Fray Diego de Landa, Padre Guardián de este lugar, a petición de los Izamaleños y teniendo en cuenta que la construcción del convento estaba muy adelantada, se trasladó a la Provincia de Guatemala para encargar una Imagen de la Madre de Dios para Izamal, y a petición de su Superior de Mérida, encargó dos imágenes iguales para venerar una en esta ciudad. Desde luego, De Landa cumplió cabalmente con el encargo a él encomendado. Para el cumplimiento de esta misión contó con la colaboración de los indígenas, quienes careciendo de bestias de carga, estaban acostumbrados a trasladar cosas voluminosas y pesadas a grandes distancias. Además contaba con la espléndida vía de comunicación que era el "sac-bé" o camino blanco maya que, partiendo de Izamal hacia el sur, llegaba hasta Guatemala y aún a Copán, en lo que es hoy Honduras. Para este viaje tan largo, Landa llevó como compañero de camino a José Jesús. Y éste, ¿quién era? José Jesús era un indígena que desde que los primeros españoles llegaron a Izamal, fue de los que por convencimiento propio abrazó la fe católica, ayudando así a los frailes a extender el idioma y a conocer esta tierra. Al llegar Landa a este lugar, fue tan espontánea la relación y amistad entre ellos, que el indígena se convirtió en la sombra del fraile, acompañándolo en varios de sus viajes compartiendo sus privaciones y satisfacciones. Una vez terminadas las dos imágenes, emprendieron el viaje de regreso a Izamal, llevando las dos imágenes semejantes la una a la otra. Era un viaje largo y penoso, pero para José Jesús, aquello era grato, pues desde que contempló a la que iba a ser su Virgen, sintió por ella una impresión de cariño y respeto sin límites, así que él era de los que por más tiempo y por trechos más largos, cargaba la caja. Durante el trayecto inventó una canción que él cantaba en un son y compás tan dulce, que los que lo escuchaban se ensimismaban tanto que no se daban cuenta del cansancio por el esfuerzo que hacían. Así ya casi a medio camino los alcanzó el tiempo de lluvias, sin que eso los amilanase para seguir, pero...una noche cuando a la vera del camino se encontraban reposando después de un día excepcionalmente fatigoso, Fray Diego de Landa, como era su costumbre, se levantó del duro suelo donde todos dormían y recorrió el lugar para vigilar el reposo de su gente. Al llegar al lugar donde José Jesús se encontraba escuchó que este pronunciaba palabras incoherentes como si fuera presa de fiebre. Poniéndole la mano en la frente, la sintió ardiente. Este infeliz se había enfermado de la fiebre maligna que tanto producía la selva en esa época. Al día siguiente, no sabía Fray Diego que hacer, no podía proseguir su camino porque tendría que abandonar en plena selva a su amigo o seguir acampado ahí hasta que este se aliviara, corriendo el peligro de que los demás se contagiaran con la fiebre, ¿qué hacer?... no hallando que decidir, se postró de rodillas ante la caja que contenía las imágenes y con todo fervor pedía lo iluminaran para encontrar solución al caso. Cuando más ensimismado estaba, sintió posarse una mano sobre su hombro y al volverse, se encontró con agradable sorpresa, que José Jesús, quien le pedía prosiguieran su camino. Con renovados bríos así se hizo, y el que más brindaba su esfuerzo como siempre, era José Jesús. Ya mediada la tarde, ante ellos cayó una lluvia torrencial que de manera inminente parecía les iba a alcanzar, y no teniendo donde guarecerse prosiguieron su camino con su preciosa carga acuestas. Cuando más preocupado estaba Fray Diego por el efecto de la lluvia que haría en la salud de su amigo, escuchó aquella dulce canción que en los peores momentos les levantaba el ánimo y que el indígena cantaba con tanto amor...y ¡Oh¡ ante la expectación general a pesar de la torrencial lluvia, en el lugar y alrededor de donde ellos caminaban no caía una sola gota que los mojara. Desde entonces y hasta la llegada a la población de Izamal, a pesar de que varias veces llovió alrededor de ellos, con el solo hecho de que José Jesús entonara su dulce cantar, no se mojaron nunca. Este, es el primer milagro que le atribuyen a Nuestra Madre Celestial, aun cuando nadie menciona a José Jesús, pues solo sabemos de él en forma vaga y por tradición oral... cuenta la leyenda que cada ocho de diciembre durante la procesión se escucha una tonada con ritmo indígena, como si una sola persona la cantara. Algunas personas dicen ver a un lado de los que cargaban la imagen, casi confundido entre la gente, a un viejo encorvado por los años, apoyado en un bastón, que con cansada voz, entona una dulce y extraña melodía...¿Será que este anciano fuera José Jesús, que en premio de su cariño y esfuerzo para traer la imagen en su largo viaje, le había sido concedido acompañarla a través de los años y de los siglos en los actos a su honor? No se sabe. Esta es una leyenda más de nuestra Mágica tierra de Izamal.


 Deja tu comentario
Más de Promoción turistica

Noticias en RSS de Motul NOTICIAS RSS INICIO    |    PODCASTS    |    RADIO Y PROGRAMACIÓN    |    WEB AMIGAS    |    CONTACTO
RadioMotul.com.mx 2017 © Todos los derechos reservados