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Janal Pixan ofrenda para los muertos
» Cultura y Espectaculos   Miercoles, 28·Octubre·2009

A lo largo de los siglos y como producto del sincretismo de dos culturas, la maya y la española, el "janal pixán" mantiene su esencia como ofrenda a los difuntos, aunque se corre el riesgo de que la difusión masiva en plazas y escuelas la folclorice y la desvirtúe, si se promueve con improvisaciones y sin la información adecuada, advirtió ayer el investigador de la Unidad Regional Yucatán de Culturas Populares del Instituto de Cultura de Yucatán, Feliciano Sánchez Chan.


Reconoció que las culturas cambian con el paso de los años y ninguna se mantiene estática, sobre todo ahora con la globalización; pero que precisamente por esas razones las prácticas del "hanal pixán" deben promoverse con mucha responsabilidad y conocimientos.


Indico que los nuevos elementos físicos que a diario se tienen en todas las actividades de la convivencia social han ocasionado que se incorporen a las celebraciones artefactos como platos y vasos de cristal, refrescos embotellados, tenedores y cucharas de metal, entre otros, que suplen a implementos antiguos como jícaras, vasijas y demás utensilios que, sin embargo, no afectan la esencia de las ofrendas, a diferencia de como sí lo harían prácticas ajenas, como bailes cerca de los altares, pintarse las caras con características de calaveras y tirar cenizas en las áreas de celebración.

El especialista comentó también que se ha comercializado la tradición y el ejemplo más claro lo es la venta masiva de los llamados mucbil-pollos, que provienen de los tradicionales pibes.
Precisó que la celebración antigua de los "Finados" o "Días de los Difuntos", lo que se conoce ahora como "hanal pixán", considera la ofrenda de los pibes hasta el "Bix" u "ochavario", es decir una semana después del primer ritual dedicado a los difuntos niños y adultos.


De igual forma, expuso que originalmente, tal como se practica todavía en muchas comunidades mayas, la celebración a los niños, es decir, el Día de los Niños Difuntos es el primero de noviembre y la de Adultos el dos de noviembre.

Sin embargo, al paso del tiempo, la Iglesia Católica, con el aval de las autoridades educativas, prácticamente impuso fechas diferentes que son el 31 de octubre para los niños; el primero de noviembre para los adultos y el dos de noviembre para el "Día de Todos los Difuntos" o "Todos los Santos". En esta última fecha se celebran las misas y la SEP, por su parte, la ha determinado desde hace muchos años como día inhábil.

Las familias antiguas no consideraban el dos de noviembre como "Día de todos los Difuntos", ya que tanto en la celebración del uno y del dos, para rendir ofrenda a los niños y adultos, colocaban una mesa o altar adicional en memoria de los fallecidos que no tenían familiares, vivieron solos o no tuvieran quienes los recordaran.

De hecho, también se tenía la tradición de colocar alimentos en los "ch`uyubes" a las entradas de las casas o al fondo del patio para esas ánimas solitarias.

Al abundar sobre los pibes, dijo que propiamente "pib" no significa el alimento en sí, sino el proceso de cocción y por ello hay pibes de pollo, polcanes de "toxel", de frijol precocido con masa de manteca y otras variedades.

Sin embargo, a la fecha se ha desvirtuado el concepto de "pib" y se relaciona sólo como el mucbil-pollo, que es una palabra maya mezclada con el español y significa pollo enterrado.
Detalló que los polcanes de "toxel", elaborados con frijol cocido con pepita molida de calabaza envuelta en masa con manteca y chile molido, se colocan en las hojas de bob o plátano en cantidades de 13 y 20 unidades.

La cantidad de los pequeños polcanes no es casual, ya que 13 significan las capas de los cielos del mundo superior de los mayas conocida como "oxlajuntikú". (El universo de los mayas se conformaba además por otras dos capas: el de en medio, identificado como "yok`olcab", que es el espacio donde se da la vida, y el "bolontikú", en donde se ubican los nueve niveles del mundo inferior).
En cuanto al número 20, es el número perfecto para el pueblo maya.
En relación a los registros que se tienen sobre los elementos que conforman los altares, Sánchez Chan explicó:

El primero de noviembre, Día de los Niños Difuntos, se coloca una mesa con un mantel blanco con bordados multicolres de flores y animales. Para el varón se disponen cuatro velas porque se relacionan con los cuatro puntos del universo y con los cuatro postes o columnas que sostienen las casas de la que es responsable el hombre.

Para las mujeres, se colocan tres velas por vincularse con los elementos de trabajo propios de las hembras, como el metate que tiene tres patas, las tres piedras del fogón donde cuecen los alimentos y porque a las niñas se les hace el "jetzmek" a los tres meses.
Las velas para ambos casos son de diversos colores vivos, alegres.

Sobre la mesa se pone para el desayuno el chocolate batido y el pan dulce y en algunas comunidades del oriente y sur, todavía se gusta el "tan chuchuá" mezclado con base de masa de maíz. Se coloca una jícara con agua y nueve granos de maíz para alejar a los malos espíritus (hay que recordar que en el "bolontikú" se ubican los nueve niveles del universo inferior).
El altar se adorna con flores nativas como el "xpujuc", "muul", "xtez", y también la virginia y teresita, Como verde se utiliza la albahaca, limonada y ruda. Estas últimas son para aromatizar y también para repeler malas influencias o espíritus. También se incluyen los incensarios con carbón, estoraque o incienso.

Para el mediodía se cambia los alimentos por comidas claras, principalmente el puchero o pollo con verduras. Se agregan al altar juguetes de madera y cualquier tipo de dulces en almíbar como calabaza, ciruelas, cocoyol, yuca y camote.

Por la tarde, se ofrenda el atole nuevo, el chacbi-naal (elote sancochado) chocolate, pan e "itzhuaj".

Al día siguiente, el altar de los Adultos, cambia el bordado del mantel por colores serios, oscuros en su mayoría, al igual que el color de las velas, la comida es más condimentada y con chile como chilmole, escabeches, relleno negro y otras que en vida gustó el difunto. Lo demás se mantiene igual.

En cuanto a los rezos, se hacen según la disposición de las rezadoras y gustos. Pueden ser tres al día, o también sólo una oración por parte del jefe de familia quien entrega la ofrenda.
Actualmente hay escasez de rezadoras y casi se han extinguido los varones que realizaban la misma actividad con sus serafinas.

Hasta los años setenta y ochenta, dijo que se identificó en comunicades aledañas a Chikindzonot, Tixméhuac y Xocén, rituales en los que los rezos se hacían en lengua maya con invocaciones a entidades y a dioses mayas, en vez de los que conforman la religión católica.

--El hanal pixán es una práctica eminentemente familiar, íntima y, por lo tanto, cuando se difunde en plazas públicas y escuelas sin la información y conocimientos adecuados se folcloriza y se desvirtúa su esencia; en cambio, cuando se realiza respetando la tradición y los elementos que la conforman se contribuye a su preservación, concluyó el entrevistado.


Fuente: Por Esto!

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